No eres tú, soy yo

Como seres sociales que somos, no podemos vivir sin convivir con los demás.  Nuestras relaciones personales, en cierta manera, definen nuestra personalidad y permiten nuestro crecimiento.  Y al ser factores determinantes en nuestras vidas, son también la causa de la mayoría de nuestros problemas.

 

Ya que día a día enfrentamos conflictos interpersonales, es conveniente reflexionar si la manera en la que hemos aprendido a resolverlos, es la más adecuada para nuestro bienestar. 

 

En mi artículo pasado, hablaba sobre las creencias irracionales que hemos instaurado en nuestro sistema de pensamiento y nos generan malestar.  Son también estas creencias erróneas las que nos provocan conflictos con las demás personas, pero el problema es que en estos casos puede ser más difícil darnos cuenta de ellas.

 

Los conflictos en las relaciones personales a menudo comienzan con la queja de una de las partes por el comportamiento del otro.  Comúnmente, tendemos a depositar la culpa de nuestro malestar en las actitudes de alguien con quien nos relacionamos y decimos frases como: “ella ME hizo enojar”, o “mi pareja ME hace sentir mal”.

 

Nos creemos tanto que la conducta del otro es la razón de nuestro disgusto, que no podemos voltear a vernos a nosotros mismos.  Y aunque contemos la historia de lo que sucedió miles de veces, cada vez encontraremos más razones para defender nuestra postura y seguir culpando al otro como el agresor. 

 

"La dimensión de tu drama es directamente proporcional al tamaño de tu ego".

 

Cada vez que nos vivimos muy afectados por la conducta del otro, estamos poniendo mayor peso en nosotros y nuestros pensamientos que en las circunstancias de la vida.  Sucede que nos creemos tan importantes y superiores para juzgar las actitudes de los demás, que no podemos ver más allá de nuestra manera de percibir el mundo.   

 

Es natural que a veces nos molestemos porque los demás no actúan como desearíamos que lo hicieran, pero quedarnos en el papel de víctima pensando que su actitud se debe hacia nosotros, tiene que ver con una postura egocentrista que ocasiona el conflicto. 

 

Primeramente, hace falta ver que el otro no ME hizo algo, sino simplemente lo hizo. No somos el centro del mundo para adjudicarnos las conductas del otro, incluso cuando éste en verdad quiera ofendernos.  Cada quien responde de acuerdo a su mapa mental de la realidad y tomar la actitud del otro de forma personal, engrandece el problema pues reaccionamos con la necesidad de tener la razón y demostrar que el otro se equivoca.

 

 

Nadie tiene poder sobre nuestras emociones más que nosotros mismos. Es verdad que puede ser que la conducta del otro me haga sentir algo, pero esto es muy diferente a decir que el otro ME lo hizo.  Así que en realidad no "me hace enojar el vecino", sino que yo me enojo con lo que él hace.  No "me desespera mi hijo", sino que yo me desespero con su conducta.  Y lo peor y (que podría discutirse ampliamente): no "me hace feliz mi pareja", sino que yo soy feliz y me pongo más alegre con ciertas de sus actitudes.

Los conflictos interpersonales como oportunidad de crecimiento

Siempre que tengamos algún problema con alguien con quien nos relacionamos, podemos aprovechar la ocasión para crecer emocionalmente y conocernos más.  Cuando salimos de la posición de víctima, nuestro estado emocional deja de estar atado a la conducta de los demás y somos más libres. 

 

Pero dejar de culpar las actitudes del otro y voltearnos a ver a nosotros mismos puede ser más difícil que decirlo, pues nuestro ego tiende a gobernarnos y cegarnos de la realidad.  Cuando nos volvemos neuróticos no vemos lo obvio, nos quedamos atascados en el problema y a veces, hace falta que alguien más nos ayude a darnos cuenta de ello.

 

Tener la humildad para reconocer qué aspecto mío fue movido por las actitudes de los demás, puede cambiar completamente el sentido del conflicto.  

"Es cierto que el otro lo hizo, pero ¿qué te pasa a ti con lo que él hace?"

Al bajar nuestro orgullo y dejar de culpar al otro, disminuimos el drama de sentirnos ofendidos y la necesidad de demostrar "el daño que nos hicieron" o la razón que tenemos en el conflicto.  De esta forma, podemos pensar con más claridad y comenzar a vernos a nosotros mismos.

 

Si partimos del hecho en que la manera en que percibimos la realidad depende de nuestro propio mapa mental que nos hemos formado, entonces, podemos decir que todo lo que entendemos del exterior es una proyección de lo que somos.  Por lo tanto, siempre podemos recuperar muchas partes de nosotros en lo que creemos que nos sucede, de manera que las utilicemos para conocernos más. 

 

En psicología, la proyección sucede cuando depositamos partes de nosotros mismos en las demás personas o en el ambiente.  Pero a veces, funciona como un mecanismo defensivo para colocar fuera de nosotros aquellos motivos, pensamientos o sentimientos que rechazamos.  De tal forma que creemos verlos en los demás cuando en realidad están en nosotros.

 

No necesariamente significa que inventemos aspectos del ambiente o de las otras personas que no existen, puede ser que en verdad las tengan.  Pero cuando nos volvemos neuróticos, nuestro mecanismo de proyección nos impide ver que también nosotros tenemos estos rasgos. 

 

Por esto es que es importante darnos cuenta de nuestras reacciones emocionales ante las actitudes de los demás, pues si éstas nos molestan demasiado, puede ser señal de que nosotros también las tenemos.  

"Cada vez que veamos algo que nos moleste en el otro, es conveniente recordar que por lo menos algo de eso que vemos en el otro, también es nuestro". J.B.

Reconocer nuestras proyecciones puede desequilibrarnos en momentos, pero finalmente nos da la oportunidad de tener un mayor conocimiento de nosotros mismos y por lo tanto, podremos mejorar nuestras relaciones personales.  Es una forma de volvernos menos neuróticos y expandir nuestra conciencia.

 

Por eso titulo el artículo como "No eres tú, soy yo", porque por más que lo sepamos, siempre hace falta recordar que todo lo que vemos tiene que ver más con nosotros mismos que con el otro. Y así en nuestros problemas interpersonales, puede ser que te ofendan, pero eres tú quien se maltrata más con lo que piensas

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Comentarios: 13
  • #1

    Eugenia Ducker (miércoles, 14 junio 2017 06:10)

    Que importante artículo!!!!! Me hizo reflexionar, se puede aplicar no sólo a la pareja, sino a la relación con cualquier persona que amamos.

  • #2

    Myrna Cecilia Reyes S (miércoles, 14 junio 2017 07:48)

    Que interesante me encanto hay q ponerlo en práctica y reflexionar mucho

  • #3

    Bertha Banda (miércoles, 14 junio 2017 08:39)

    Excelente! Totalmente de acuerdo. Es un artículo escrito de manera muy clara y sustanciosa. En sus conceptos está la clave para ayudar a liberarnos de la neurosis que muchos padecemos.

  • #4

    Anadina Aponte (miércoles, 14 junio 2017 10:50)

    Me gusto mucho, tienes toda la razón. muchísimas gracias

  • #5

    Liliana (miércoles, 14 junio 2017 11:35)

    Estoy de acuerdo contigo, me parece una reflexión muy interesante

  • #6

    Maria A (miércoles, 14 junio 2017 13:17)

    Todos tenemos mucho que aprender de este artículo. Hay que aprender a conocernos más y saber el porqué de nuestros sentimientos

  • #7

    Luis Alberto Zavala R. (miércoles, 14 junio 2017 14:56)

    Excelente artículo. Me gustó bastante.

  • #8

    Dorian Majul (miércoles, 14 junio 2017 15:27)

    Excelente artículo!
    Gran veracidad..

  • #9

    Lillian (miércoles, 14 junio 2017 18:36)

    Muy buen artículo !

  • #10

    Paulina (miércoles, 14 junio 2017 22:04)

    Muy interesante! Para mejorar todas nuestras relaciones interpersonales

  • #11

    Fernanda Vazquez (viernes, 16 junio 2017 12:21)

    Me gustó mucho el aritculo!! Saludos Laurencia

  • #12

    Bibi (martes, 27 junio 2017 09:41)

    Muy cierto!
    Excelente manera de plantear lo que nos sucede cada día

  • #13

    Gabriela (martes, 01 octubre 2019 13:32)

    Estoy de acuerdo con ello... Solo tengo una duda, en el caso de los abusos y violencia, se que uno tiene responsabildad, pero ...ahí como aplica?