Experiencias cumbre: Historia de un nacimiento

 

Unos días después de que nació mi bebé, una amiga que también es madre y psicoterapeuta, me comentó que el haber tenido un parto natural me había dado la oportunidad de vivir una experiencia cumbre. Yo no me había dado cuenta pero entonces, me quedé pensando que quizás esto explicaba  mi reacción ante lo que viví.

 

La historia del nacimiento de mi bebe tuvo un final que para nada era deseable, sin embargo, no puedo describir exactamente lo que me sucedió en ese momento, pero fue como un sentimiento de protección que se apoderó de mi y me dio la tranquilidad para afrontar lo que sucediera. Y no es que no me diera cuenta de la realidad, o que fuera muy positiva, sino que fue como un conocimiento que llegó a mí,  más allá de mi entendimiento, y me aseguró que todo estaría bien. 

 

Tuve la oportunidad de vivir una experiencia cumbre, una muy intensa y misteriosa que me sirvió de escudo emocional para afrontar lo que estaba sucediendo de forma naturalmente armoniosa.  Como menciona Abraham Maslow en su libro "Religion values and peak experiences", una experiencia cumbre no sólo nos otorga una visión del mundo como algo bueno, hermoso, y deseable; sino que además, nos permite aceptar más plenamente las cosas malas de la vida. 

Historia de un nacimiento

Todo empezó el martes 24 de abril.  Tenía 40 semanas cumplidas y desde la madrugada estuve sintiendo contracciones rítmicas, pero no dolorosas, sólo algo molestas.  Por la mañana fui a caminar e hice yoga prenatal, y en la tarde empecé a notar más molestias. En la noche las contracciones eran algo más fuertes, así que decidimos hacer un monitor del bebé para saber con seguridad si el trabajo de parto había comenzado y viajar al hospital que elegimos en Jerusalén, que está a una hora de Ashkelon la ciudad donde vivimos

 

Para nuestra sorpresa, los resultados del monitor no eran normales y por protocolo del hospital de Ashkelon no podían dejarnos ir en esa situación.  Me pusieron una intravenosa para tratar de regular el ritmo del corazón del bebé y nos dijeron que lo mejor era inducir el parto en ese momento.  La ginecóloga nos comentó que no tenía que hacerme una cesárea de urgencia sin embargo, le parecía que era necesario ya acelerar el parto, así que en ese momento decidimos viajar a Jerusalén.

 

Desde ese momento fue cuando empecé a sentir una extraña paz que me aseguraba que todo saldría bien, aunque el panorama se vislumbraba peligroso, nunca sentí miedo de que algo no fuera a salir bien. En el camino a Jerusalén, sin embargo, sí estaba nerviosa. Nos fuimos cantando y estaba muy emocionada, pero contaba cada minuto que faltaba por llegar.

 

Recién llegamos al hospital, me hicieron otro monitor en el que los resultados fueron completamente normales. Como aún no estaba en labor de parto y era de madrugada, nos quedamos cual María y José pidiendo posada, literal en el lugar de los hechos. Afortunadamente, disfrutamos de la calidez de personas que laboran en este hospital, que sin ningún compromiso ni esperando algo a cambio, nos ofrecieron un cuarto para pasar la noche esperando realizar a primera hora de la mañana, un segundo monitor y contar con la opinión de los demás doctores. 

 

En esa revisión, los doctores nos dijeron que teníamos la opción de esperar todavía un poco más a que el parto iniciara por sí solo (siempre y cuando realizáramos un monitor del bebé por día), o de inducir el parto con prostaglandina. Decidimos que lo mejor era inducir el parto en ese momento. Sabía que, desde aquí, mis planes de nacimiento cambiarían pues yo esperaba tener un parto de la forma más natural, sin tener que usar epidural, simplemente dejando que las cosas sucedieran.  Sin embargo, en este caso teníamos que considerar que los resultados del  primero monitor no habían sido buenos y que no podíamos estar viajando todos los días una hora para realizar un monitor del bebé. 

 

A las 10 de la mañana del 25 de abril me pusieron una primera dosis, si en 6 horas no había resultados, tendrían que administrar una segundo dosis.  Por suerte, desde las 11 de la mañana las contracciones se aceleraron y se hicieron más dolorosas.  Como me instruyó mi asesora del curso de Lamaze, hice varios ejercicios para motivar a que mi bebé naciera.  Reboté en el balón de pilates, subí escaleras de lado, bailé, y hasta me volteé de cabeza (como en los ejercicios de "spinning babies") cada hora para hacer espacio en el útero y abrir camino para el bebé.  Pero a las 10 de la noche todavía no pasaba nada, no había dilatación y yo ya estaba muy cansada y con mucho dolor.

 

Tal como dicen en los cursos, con una intervención se inicia una cascada de ellas que pronto puede dar lugar a una cesárea. Como a las 11 de la noche me pusieron "peptidine" un analgésico derivado de la morfina que podría hacerme soportar el dolor y relajarme para dilatar más.  Ninguna de las dos cosas sucedieron, lo único fue que tuve que estar acostada y ya no podía moverme ni ponerme en el agua caliente para lidiar con el dolor. Lo que sí es que, mientras no sentía contracciones, me sentía "muuuuy bien", así que al final sí me relajé y se me rompió la fuente.  

 

De aquí el dolor fue aún más intenso, sentía una presión en la espalda que para mi era insoportable.  La partera que estaba en ese turno, con el cariño del mundo, me trataba de ayudar a hacer más ejercicios para manejar el dolor, pero simplemente, era imposible hasta sentarme. Así que a las 12 de la noche bajamos por las escaleras al cuarto de parto para ponerme la epidural. 

 

Mientras llegaba el anestesiólogo recuerdo que me recibió otra partera hermosa que trató de distraerme con música relajante, lo bueno fue que Fer me conoce y ya habíamos hablado de mis métodos personales que me podrían ayudar a sobrellevar el dolor, entonces supo que lo mejor era cambiar el ritmo con unas canciones más movidas, de esos gustos culposos que escucho en el gimnasio que me motivan a terminar todos los minutos de cardio. 

 

Una vez que me pusieron la epidural pude dormir un poco, pero a las pocas horas, el dolor en la espalda regresó y ahora además tenía náuseas y vómitos. Me despedí de la partera del turno de la noche y me presentaron a la que seguía, era musulmana y tenía los ojos hermosos.  Desde que llegó ella fue muy cariñosa conmigo, entre las visitas de los doctores que comprobaban que todavía tenía muy poco de dilatación, me confesó que hacía unos meses ella había dado a luz a su primera bebé en ese mismo cuarto, y que le estaba sucediendo lo mismo que a mí con la dilatación y finalmente lo había logrado rápido, así que me dio fuerza y sobretodo, calma de imaginar que todo pasaría y de que el dolor tendría sentido al ver a mi bebé en mis brazos muy pronto.

 

Horas después, la situación no avanzaba mucho y el dolor era cada vez más fuerte.  Como pude, traté de ponerme en varias posiciones. Mi partera me daba masajes, Fer también, mi mamá me leía técnicas de relajación, etc. Finalmente, tuvieron que hablarle al anestesiólogo para que me pusiera otra epidural porque ya sentía que no lo iba a lograr. 

 

Para ese entonces ya había perdido la noción del tiempo, pero se me hizo que fue sólo un rato después cuando una doctora llegó y me hizo una maniobra milenaria en la que volteó al bebé y automáticamente dejé de sentir el fuerte dolor en la espalda.  Lo mejor fue que nos dijo que nos tenía una muy buena noticia, y fue que ya tenía 9 centímetros de dilatación.  Me emocioné muchísimo, todo el cansancio que sentía y hasta lo adormilada que había quedado con la epidural se me quitó, ya estaba lista para recibir a mi bebé.

 

En el momento de pujar tuve a los mejores "animadores", fueron dos doctoras, mi partera y otra enfermera; además de Fer que él también y además, hizo las más de 30 horas del trabajo de parto conmigo.  Antes de empezar, justo me puso más canciones que me gustan y creo que nunca olvidaremos el bienestar que pasamos escuchándolas después de todo lo que habíamos vivido, fue como una celebración y un canto de victoria por estar a punto de lograrlo.  

 

Unos minutos después nació mi bebé y entonces, ahora sí todo fue muy diferente a lo que esperaba. Nunca se me cruzó por la mente que esto pudiera pasar. En todas las historias de nacimiento de otras mujeres que leí, en los documentales que vi, en los libros y en el curso que tuve, nunca me detuve a escuchar una historia en el que el bebé tuviera que ingresar a cuidados intensivos.

 

De repente, mi partera me vio a los ojos y pude ver que algo no andaba bien. Con su mirada me explicó que tenía que cortar el cordón umbilical, cosa que no hacen de inmediato, sino que respetan el tiempo necesario para que el bebé obtenga los nutrientes de la placenta. Y entonces vi que había entrado el pediatra y otros doctores, y ya nos habían comentado que sólo entrarían si era necesario.

 

Yo seguía esperando a que me dieran a mi niño para poderlo abrazar y ponérmelo cuerpo con cuerpo, pero pasaba el tiempo y no llegaba.  Lo peor es que veía que Fer estaba muy preocupado, pero él muy sabiamente, decidió quedarse en el lugar de papá y no de doctor, así que sólo les dio la espalda a los doctores y se quedó conmigo diciéndome que teníamos que esperar.  Pasaron unos minutos y me dijeron que tenían que llevarse a mi bebé, sólo pude verlo desde lejos y se fueron.  

 

En ese momento no podía dimensionar la gravedad de las cosas porque nadie me decía nada, entendía que mi bebé no había podido respirar porque no escuché el llanto esperado, pero cuando se lo llevaron parecía que la situación ya estaba bajo control, o al menos con esa idea me quedé yo y no permití que se me fuera de la cabeza. 

 

Desde los últimos momentos del parto fue cuando sentí esta magia de la experiencia cumbre.  Aunque me daba cuenta que me había faltado lo más bonito de la experiencia, lo pude aceptar con mucha tranquilidad.  Recuerdo haberle dicho a la doctora que se quedó atendiéndome que yo sabía que todo iba a estar bien.  Y es muy extraño que no sentí miedo aún cuando vi que los demás estaban muy tristes: supe que mi partera había llorado y también vi a Fer que regresó muy preocupado después de de ir a ver a dónde llevaban a nuestro bebé.  Pero finalmente, yo estaba en un estado de completa templanza para aceptar la realidad aunque no era lo que quería que fuera.

 

Mi bebé, David Fernando, nació a las 15:23 hrs del 26 de abril, después de más de 30 horas de trabajo de parto, las cuales ahora agradezco haber tenido, pues me dieron la oportunidad de gozar los turnos de cinco parteras que se entregaron completamente en su labor con todo el cariño y la paciencia del mundo.  Estuvo cinco días en terapia intensiva porque tuvo dificultad para respirar pero, desde las primeras horas, empezó a recuperarse. Yo pude cargarlo hasta esa noche y al día siguiente ya empecé a alimentarlo y a pasar el mayor tiempo que podía pegadita piel con piel con él. 

 

 

Experiencias cumbre

Todos podemos tener experiencias cumbres, aunque ciertamente hay personas que son menos susceptibles a tenerlas, por ejemplo aquellos que son muy racionales. La experiencia es igual de asombrosa, pues por algo se conoce que existen, la diferencia sería entonces, la situación que la desencadena.

 

El nacimiento de un hijo puede ser, casi para la mayoría, una experiencia de este tipo, sin ser condición para ello haber tenido un parto natural.  Sin embargo, siento en mi caso así fue, por todo el tiempo de preparación y de trabajo que sucedió antes de ello y las condiciones en las que todo se dio.  Aprendí mucho sobre el parto durante mi embarazo y el personal del hospital estaba en la misma sintonía de todas estas recomendaciones.  Además tuve la bendición de contar con un esposo maravilloso que fue el mejor soporte para manejar el dolor y distraerme de él haciendo que me acordara de nuestros momentos más felices,  haciéndome reír, y siendo el mejor dj. 

 

Por eso creo que es tan importante encontrar un hospital que respete el proceso natural para que nazca un bebé.  A veces los médicos estandarizan pasos que ni siquiera son necesarios y alejan a las madres de vivir esta experiencia.  Es cierto que cada mujer puede elegir hoy en día cómo quiere que nazca su bebé, pero también tiene el derecho de conocer lo que verdaderamente es mejor para ella y para su bebé, no tanto para los doctores y las rutinas de los hospitales. 

 

Sin duda, el hospital St. Joseph de Jerusalén fue el mejor para haber tenido a nuestro bebé. Es un lugar donde se respira la unión y aceptación de la condición humana sin distinguir clases sociales ni religiones.  Fue muy lindo toparme días después con las parteras que me comentaron que ya habían ido a ver a mi bebé, estoy segura que cada una de ellas, desde su religión, pidió porque mi niño estuviera bien y creo que esa energía tuvo mucho que ver en su pronta recuperación. 

 

En palabras de Maslow, una experiencia cumbre puede hacer que la vida tenga sentido aún su ocurrencia ocasional.  Dan significado a la vida por sí misma, prueban que la vida como es, vale la pena.

 

 

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Comentarios: 9
  • #1

    Luis Alberto Zavala Ramos (martes, 07 agosto 2018 06:16)

    Qué bonita experiencia y qué bonitos recuerdos. Pero qué bonita forma y calidad de presentarnos esta inolvidable experiencia. Gracias mi hijita por toda tu capacidad.

  • #2

    Adelaida (martes, 07 agosto 2018 06:43)

    Wow! Gracias por compartir tu experiencia Lauris! Me servirá a mi también en Noviembre ���

  • #3

    Andrea R. González Blanco (martes, 07 agosto 2018 09:26)

    Muchas gracias por compartir!!! me encantó como escribes Que Dios llene de Bendiciones a tu familia.

  • #4

    Liliana (martes, 07 agosto 2018)

    Supe que había sido una labor difícil y que DaFerín había tenido problemas, pero no lo había visto desde esta perspectiva que tan acertadamente has plasmado. Felicidades mi Lau por tu. Extraordinaria fortaleza, y por tu forma de escribir. Gracias por compartir tu experiencia �

  • #5

    Yarely Olivas (martes, 07 agosto 2018 10:00)

    Wow! Que gran experiencia, gracias por compartir... y que bueno que todo esta bien con ustedes 3. Felicidades por tu bebé. Yo tuve una experiencia similar pero yo perdí a mi bebé y poco a poco he salido adelante.

    Te mando un abrazo

  • #6

    Ale Valdes (martes, 07 agosto 2018 10:25)

    Roomie, no sabía todo lo que habían pasado. Pero yo creo que Dios no se equivoca y puso a David Ferito en manos de los mejores papás y los más preparados para recibirlo tal como fue. Que bonita manera de ver las cosas, me llenas de tranquilidad, espero estar igual de lista y llena de paz cuando me llegue la hora de conocer a mi bebé.

    Los quiero mucho! Y te admiro mas �

  • #7

    Jaqueline (miércoles, 08 agosto 2018 02:01)

    No sabes todo lo que sentí leyendo cada reglón mi lau! Yo siempre he pensando que todo lo que nos pasa es perfecto!! Un abrazo enorme a los 3!!! te quiero

  • #8

    Luz (miércoles, 08 agosto 2018)

    Muy Hermoso...

  • #9

    Javier Holguín (miércoles, 08 agosto 2018 20:01)

    Que bonito mi Lauri. Al igual que los demás, no sabía de tu experiencia, al menos no en esa forma. Me alegra mucho por ti!! Y como siempre felicitarte.