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Baby Led-weaning e Introyectos

¿Alguna vez has dicho que tú nunca harás eso que tu papá o tu mamá hacía y de pronto te sorprendes haciéndolo? o ¿Te das cuenta que haces determinadas cosas exactamente de la misma forma en que tus papás lo hacían? ¿Te has preguntado de dónde vienen ciertos mandatos que sigues o que incluso que le ordenas a tus hijos que los hagan? ¿Realmente eres auténtico en lo que dices, haces y piensas o es que lo haces porque aprendiste que así debía ser? o por el contrario ¿lo haces por oposición a lo que te enseñaron?

Cuando llegué a Israel, conocí a una amiga que en ese entonces tenía sólo una niña de meses de edad.  Ella me enseñó cómo le daba de comer a su hija a diferencia de las papillas que yo conocía que eran el alimento de los bebés y de inmediato me interesé por este método porque lo relacioné con lo que en la Psicoterapia Gestalt trabajamos.

 

 

Si observamos nuestras creencias y actitudes en la vida nos podemos dar cuenta que la mayoría de ellas no las hemos elegido conscientemente, sino que las fuimos aprendiendo desde nuestra infancia sin cuestionarlas.  Y el problema es que muchas veces, éstas creencias nos alejan de nosotros mismos y nos traen conflictos.

 

En psicoterapia Gestalt se conocen como introyectos estos mensajes del exterior que hemos interiorizado como parte de nuestro ser.  Y no es que todo lo que hayamos aprendido sea negativo, pero el problema es que vamos por la vida sin detenernos a cuestionar nuestros movimientos.  Tenemos creencias que nos limitan, repetimos patrones de comportamiento que no nos hacen bien,  y vamos adoptando una personalidad que se ajusta a lo que esperan de nosotros mismos y que oscurece nuestro ser interior. 

 

Por eso es que la introyección es comparada con la forma en que nos alimentamos.  Porque en nuestra infancia recibimos estos deberías sin digeridos adecuadamente, como si fueran la papilla que se le da a un bebé y que a pesar de que la escupe cuando no le agrada, el cuidador se encarga de recogerla y metérsela por la boca a como de lugar. ¿Y que tal si el bebé ya está satisfecho?, ah no, siempre habrá manera de darle un poquito más de ese pollo batido que tanto alimenta. 

 

De esta forma vamos haciendo nuestras un montón de actitudes que aprendemos de nuestra familia, nuestra escuela y la sociedad en la que vivimos. 

 

Crecemos creyendo que nuestra voz no debe ser escuchada siempre, porque aprendimos a “oír y callar”. Creemos que no debemos experimentar ciertas emociones como el enojo y la envidia porque “los niños buenos no deben desear lo que tienen las demás personas”, o porque “el que se enoja pierde”.  Crecemos haciendo lo que esperan de nosotros porque nuestras ilusiones no eran admitidas.

 

¿Y qué decir de los mandatos de género y la falta de educación sexual?  Crecemos creyendo que el sexo es malo, que ciertas conductas que pudieran producirnos placer pueden ser pecaminosas, que los niños no bailan, y las niñas se deben comportar como señoritas. Crecemos aprendiendo a tragarnos la tristeza porque “los niños no lloran” o porque “te ves muy fea cuando lloras”. Crecemos aprendiendo sólo las lecciones adecuadas para nuestro género y esperando encontrar a alguien que nos “complemente” para llenar nuestros vacíos. 

 

En nuestra asimilación del exterior, es muy difícil que hayamos desarrollado la capacidad para distinguir las creencias que vienen de afuera y las que son nuestras. O que hayamos aprendido la habilidad para adoptar las actitudes que nos sean necesarias en algún momento y poder desecharlas cuando hayan caducado o cuando ya no se ajusten a nuestro nivel de desarrollo. 

 

Qué diferente habría sido si hubiéramos tenido el control y la conciencia de recibir del exterior estos mandatos. Pero en el camino del darse cuenta les tocará aquellos que se atrevan a profundizar consigo mismos, analizar cuáles de estas creencias no son las propias, desestructurarlas con conciencia, cambiar las que sean necesarias, y quedarse con las que convenga.

 

Hace falta ser “agresivo” con lo que recibimos del exterior. Nada relacionado con la violencia, sino en el sentido literal de la palabra agresión: “ir hacia”. Se trata de analizar lo que aprendemos y rumiarlo un poco en la boca masticándolo para finalmente sólo hacer nuestro lo que elegimos que es necesario para nosotros. 

 

Por eso (entre otras cosas) me gusta el “baby led-weaning”, porque le da al bebé la libertad de elegir de varios alimentos saludables para él, aquellos que más le vengan en gana, que pueda experimentar con ellos con las manos, sentirlos, jugar con sus texturas, olerlos, observarlos. Para luego, elegir cuáles va a probar, a experimentar todas las sensaciones que conllevaba tenerlos en la boca, saborearlos, escupirlos si no le gustan, triturarlos aún con sus encías sin dientes, para finalmente, tragar lo que ya pasó por todo un trámite de aceptación.

 

Me gusta pensar que desde esta primera forma de acercarse al exterior, el bebé irá aprendiendo a hacer con los mensajes que recibe, lo mismo que aprendió a hacer con la comida. Aunque creo que seguramente habrá que recordárselo continuamente. Lo que habrá que señalar para los padres que implementaron otros métodos de alimentación con sus hijos, pues tampoco creo que por hacerlo de la manera tradicional, no vayan a poder desarrollar este método en la "alimentación de mensajes".

 

No soy experta en el tema, pero leí un libro cuando me tocó empezar a darle de comer a mi hijo y como decía: no es que un método sea mejor que otro, pero si tenemos la opción de conocer todos los métodos podemos elegir verdaderamente el que más nos convenga sin adoptarlo sólo porque es lo que los demás han hecho, o lo que algunos que no conocen suficiente, lo recomiendan. 

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Comentarios: 1
  • #1

    Liliana (lunes, 13 enero 2020 11:31)

    Es una gran experiencia, principalmente para los pequeños, que les va abriendo las puertas al reconocer y elegir lo que realmente desean ������