Día de las madres

¿Son los hijos quienes eligen a sus madres desde antes de nacer? o ¿es Dios, el universo, el creador quien elige a las madres para cada nuevo ser? 

 

Yo creo en la perfección de las circunstancias. Cada díada, madre e hijo encaja y pertenece a sí misma. Un montón de sincronicidades deben suceder para que un ser nazca en determinada familia, perteneciendo a cierta cultura, y ocupando un lugar específico en cada linaje.  Por eso, este proceso es perfecto y por lo tanto, su resultado también lo es, aunque a veces resulte muy difícil verlo.

 

¿Cómo podría decir que es perfecto que un niño tenga que vivir en un ambiente de maltrato, de abuso o negligencia? Esta visión de perfección en los eventos no es tan convincente cuando las situaciones no son favorables. Cuando hay madres que tienen algún trastorno mental y no pueden acompañar a sus hijos de la manera en que ellos las necesitan. Cuando hay madres que creen que el abuso, o la sobreprotección, o la crueldad, son partes claves para la educación del niño.

 

Ayer se festejó el día de la madre en varios países del mundo, y como son las redes sociales de conmemorativas, todas estuvieron llenas de fotos de madres e hijos rotulados con palabras hermosas de agradecimiento y expresiones de amor.  ¿Será que todas las madres son perfectas para sus hijos? ¿Será que las deficiencias de crianza pueden ser contrarrestadas con el amor inmenso e incondicional que una madre puede dar? ¿Será que la cultura por honrar a los padres, seguir el mandato y ser buenos hijos, se hace presente en este día más que siempre?

 

Cuando un bebé nace, nace una madre, y así como los niños, las madres vienen de todos tipos. Hay madres más divertidas que otras, madres más sensibles, madres más carismáticas que pueden atraer la atención hasta del bebito más llorón. Hay madres que renuncian a sus gustos y placeres por estar con sus hijos, y madres que lo hacen porque creen que deben de hacerlo y poco a poco van llenándose de resentimientos.  Hay madres más atentas a sus necesidades propias que a las de sus hijos. Madres con límites claros sobre lo que admitirán, y madres que complacen sin consciencia.

 

¿Cuál de estas madres es la mejor? 

 

Las madres de mi generación vivimos en un mundo de información, que si bien nos puede orientar mejor sobre las distintas posibilidades que tenemos para elegir determinados comportamientos de crianza, también nos pueden confundir entre lo que nos nace hacer y lo que nos dicen que deberíamos de hacer. O entre lo que nuestras madres y abuelas dicen que deberíamos de hacer y lo que las investigaciones revelan que tiene más beneficios. 

 

Hay madres actuales que predican un estilo de crianza respetuoso y lo hacen tan al pie de la letra, así como sus padres autoritarios les enseñaron que debían de hacerlo. Hay otras madres que les ha venido muy bien la imagen de ser madres y la sostienen y adornan cueste lo que cueste. Madres que buscarán ser excelentes en su maternidad, en su relación de pareja, en su trabajo y además, en conservar su figura. Hay madres que es tanta su necesidad por ser buenas madres que dejarán de ver a sus hijos. Y habrá otras madres que siguen esta vida de sacrificio, aprendida y trasmitida por comportamientos de victimización de sus mismas madres. Esas que gozarán cuando sus hijos les canten: “a ti que cargaste en tu vientre dolor y cansancio. A ti que peleaste con uñas y tientes”.

 

Es bonito tener un día para celebrar la maternidad.  Es necesario reconocer la labor de las madres, porque quizás, como no tiene remuneración económica, poco se comprende lo cansado y demandante que es y nunca alcanza a ser valorada como merece.

 

Es bonito tener un día en el año para sentirse especiales y recibir flores. Para explotar la creatividad de los niños y esposos en conseguir un regalo ideal y distinto en cada año (con esto comprobaré el próximo año si mi esposo lee lo que escribo). Es bueno para las pequeñas y grandes empresas tener un día de la madre, es bueno para las escuelas, para los niños y para las redes sociales. 

 

Sin embargo, no me gusta la idea que un día de cada año, mi hijo tenga que recordar que debe estar agradecido conmigo por lo mucho que le doy. El adjetivo de incondicionalidad pierde tono cuando en el amor exijo el reconocimiento. 

 

Entiendo que es muy valioso aprender a sentirse agradecido, pero eso a dejar en deuda hacerlo es otra cosa.

 

En este mes de la madre en tiempos de pandemia hago la invitación a hacer una revisión de la propia historia. A ser conscientes del lugar donde nos tocó nacer, y de las virtudes y carencias con las que crecimos. Porque así como fue, es como tenía que ser, y por lo tanto, es perfecto. Pero lo perfecto no quiere decir que no sea mejorable. 

 

Admitir que nuestras necesidades no fueron satisfechas de la manera en que debían de serlo no nos hace malas personas, ni disminuye el amor que sentimos o que sienten nuestras madres por nosotros. No se tiene por qué estar agradecido del maltrato o de la falta de presencia. Y sólo así, al tocar el dolor, entonces se logrará comprender la historia, pero esto no puede ir antes de admitir y sentir lo que faltó. 

 

Quien no conoce su historia está condenado a repetirla.  Una madre que puede trabajar en sí misma y logra ser consciente, podrá ser la madre que su hijo necesita. 

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Felicidades a todas las madres, en especial a la mía, a mi abuelita y a toda su desendencia de madres a las que pertenezco, mis tías y mis primas. A mi suegra, a mis amigas. A mi terapeuta por prestarme sin haberle pedido ya algunas de sus líneas, y a mi hermana cómplice y compañera de vida y crecimiento.

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