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Nuestra historia en la guerra

Cuando nos suceden cosas altamente estresantes, necesitamos narrar nuestra historia para integrar nuestra experiencia y evitar que desarrollemos un trauma.

 

Hace unos días apenas que llegamos a México después de vivir una de las semanas más intensas de mi vida. Ésta, es la narración de nuestra historia, escribo lo que vivimos porque se que primeramente yo necesito procesarlo para así también trabajarlo con David. Tal vez parezca que los niños se adaptan fácilmente a todo, y que poco se dan cuenta, pero sabemos que el que se adapten a lo que viven no quiere decir que no les afecte a ellos ni a su relación con los demás, y que por supuesto que todo perciben. 

 

Hace falta hablar de los sucesos estresantes, entender lo que vivimos y lo que hicimos con todo lo que nos iba sucediendo para irlo integrando. En tan sólo dos semanas, vivimos muchas experiencias muy fuertes que aún siento que no están sanadas completamente, pero hablar de ello es parte del proceso. Una guerra, el cambio de rutinas, la pérdida de un embarazo de 8 semanas, separarnos de papá y dejarlo en el país en guerra, poner en pausa mis estudios y mi trabajo, cambiar de país nuevamente sin ningún orden para David y la incertidumbre de que es posible que no nos dejen regresar a Israel en la fecha que tenemos nuestro boleto de regreso.

 

Creo que lo más difícil de esto es que por tratarse de situaciones que son tan poco comentadas, la respuesta de las personas de nuestro alrededor es insegura e incluso ausente, por lo que definitivamente es preciso hablar de ello. 

 

La guerra

La guerra en Israel comenzó el 10 de mayo por la noche. Como nunca se han arreglado los conflictos entre el país y sus países vecinos, la situaciones bélicas son cotidianas, así que el hecho de que sonaran las alarmas en la ciudad que vivimos no era novedad para nosotros. Pasamos la noche en Ashkelon escuchando alarmas y misiles sobre nosotros varias veces luego, recibí un mensaje de la escuela de David que se cancelaban las clases y notamos que esta vez la situación era más grave. 

 

Al día siguiente Fer estaba de guardia, así que le pedí hospedaje a una amiga en Tel Aviv y me fui desde temprano con ella.  Todo el día estuvimos muy tranquilos por allá, pero mis amigos en Ashkelon me comentaban que no dejaban de sonar las alarmas ni un minuto, que trataban de salir del búnker y volvían a sanar. Nunca pensamos que el problema escalaría tanto y que llegaran a atacar hasta Tel Aviv. 

 

Pasamos la noche bajando al refugio del edificio varías veces, todo el tiempo con David en brazos, al principio estaba dormido pero en la madrugada despertó y se daba cuenta de todo.  Al día siguiente regresamos con Fer a Ashkelon, iba tranquila manejando hasta que nos acercamos a la entrada de la ciudad, y justo llegando a nuestro edificio, empezaron a sonar las alarmas. No supe que hacer y sólo me estacioné y me puse arriba de David en el carro.

 

Estuvimos dos días en Ashkelon, y parecía que lo estábamos manejando muy bien. Jugábamos en el búnker cuando teníamos que refugiarnos, esperábamos los booms que se oían cada vez que la Cúpula de Hierro interceptaba los misiles en el aire, y nos aventábamos a la cama a abrazarnos y hacer reír a David, aunque en realidad nos daba miedo a Fer y a mi estar a la altura de la ventana, porque así murió un niño en su búnker cuando el misil penetró la ventana de estas habitaciones fortificadas anti misiles.

 

Por las noches los ataques se intensificaban, tuvimos la suerte de que David se dormía temprano y no escuchaba nada. Incluso una noche que cayeron varios misiles Fer tampoco despertó. Por la mañana nos enteramos que un misil había caído en el techo del edificio de unos amigos. 

 

Eso fue lo peor, saber que no todos los misiles podían ser interceptados por la Cúpula de Hierro. 

 

Una tarde Fer fue al súper más cercano de nuestra casa, entonces Hamas advirtió que iba a atacar todo el sur a las 6 de la tarde. Le reenvié ese mensaje a Fer y me dijo que ya venía a la casa. Unos minutos después sonaron las alarmas, me metí con David al búnker y escuchamos un primer boom, un segundo, un tercero y en eso, escuchamos un ruido horrible, un cuarto misil había caído justo en frente de nuestro edificio. Yo lo escuché como si hubiera caído justo en nuestro lugar de estacionamiento. En ese momento sentí el peor miedo, ahora sí empecé a percibir el peligro en el que estábamos.  Fer me había avisado que ya venía en camino  y yo juraba que ese ruido tan fuerte le había hecho algo a él.

 

En cuanto se acabó el sonido salí del búnker y él venía entrando a la casa con una cara de entre susto y adrenalina. Lo abracé llorando, sentí mucho alivio pero seguíamos muy alarmados. El misil había rozado el techo del edificio de en frente y sólo cayeron restos justo por donde Fer acababa de pasar.

 

Teníamos varias invitaciones de amigos y conocidos que vivían en el norte y nos ofrecían hospedarnos, al final Fer reservó un hotel en Tel Aviv donde pensamos que podríamos estar más tranquilos y juntos, porque él tenía que estar yendo y viniendo al Hospital, y si nos íbamos más lejos no iba a poder quedarse con nosotros. 

 

El primer día que estuvimos en Tel Aviv volvieron a sonar las alarmas. Estábamos en la playa y en eso aventaron unos misiles. Toda la gente corrió a refugiarse a los baños mientras escuchábamos como iban siendo interceptados sobre nosotros una ráfaga de misiles. No era nuestra intención quedarnos en la playa ese día, pero salimos a caminar un poco y David no pude resistirse a entrar, incluso ahí mismo Fer le compró un traje de baño y parecía que todo estaría bien, nunca nos imaginamos que nos iba a tocar ahí.

 

Esa noche también volvieron a sonar las alarmas a las 10 de la noche, justo como habían advertido que atacarían. Tuvimos que salir a las escaleras de nuestro piso del hotel, conocimos a muchos huéspedes en sus momentos íntimos y lo bueno otra vez, fue que igual David estuvo dormido todo el tiempo que íbamos y veníamos. Apenas y registró que lo levantaba en brazos y nos salíamos del cuarto y regresábamos. 

 

Después del último misil de esa noche no pude dormir por muchas horas, me di cuenta que esta situación ya me estaba afectando mucho, vivía en alerta constante imaginándome que en cualquier momento habría que correr a resguardarse. Y lo que más me preocupaba es que esto afectara a David y que yo estaba embarazada de 8 semanas y se que lo que más debemos evitar  es el estrés. 

 

Al día siguiente Fer se fue de guardia al hospital y aunque Tel Aviv estuvo callado, Ashkelon seguía siendo muy atacado. Desde lejos, lo que más le preocupaba a mi querido esposo era tenernos seguros y que David no siguiera viviendo esto. “No es su país, no es su guerra, después de tenerlo encerrado un año por el coronavirus, ahora que esté viviendo esto...” eso me decía, y yo completaba en mi mente lo que imaginaba que podría afectarle todo esto a mi embarazo. Pronto nos consiguió un vuelo para irnos en unos días a México y aunque mis amistades de allá me comentaban que el conflicto pronto iba a llegar a su fin, creímos que lo mejor era sacar a David del país por un rato. 

 

Precisamente ese fin de semana teníamos la intención de hacer el primer ultrasonido de mi embarazo en Jerusalén en el hospital donde nació David, pero no pudimos hacerlo porque está ubicado justo en la zona de conflicto de esta ciudad. Aunque nos íbamos a separar de Fer y yo me preocupaba de dejarlo en esa situación allá, sabía que tenía que ir a México pues no teníamos opciones para iniciar el seguimiento del embarazo.

 

La pérdida

Al día siguiente, el lunes 17 de mayo, pudimos disfrutar de estar en Tel Aviv por la mañana.  Fue como vacaciones obligadas, Fer estaba posguardia pero había conseguido dormir unas horas en la noche, así que nos fuimos a desayunar a la playa y estuvimos jugando un rato con David en el mar. Por la tarde, nos regresamos al hotel antes de las 5 de la tarde porque habían amenazado con mandar misiles muy poderosos a todo el centro de Israel. Ya nos imaginábamos que iban a empezar a sonar las alarmas, hasta estuve contemplando a qué hrs bañarnos y deje lista la bata de baño por si acaso tenía que salirme de la regadera. 

 

Todo permaneció tranquilo, pedimos comida al cuarto y pusimos una película. Yo estaba trabajando en un post que escribí sobre el puerperio en guerra cuando me levanté al baño y noté que tenía un sangrado. Justo ese día Fer había dicho que nada más faltaba que eso nos sucediera, y sí, nos sucedió. Hablamos con una ginecóloga amiga de Fer en México y ante la duda de que se tratara de una amenaza de aborto, nos fuimos a urgencias al hospital de Ichilov. 

 

Nunca olvidaré ese camino al hospital con la amenaza de que en cualquier momento podrían sonar las alarmas y no se qué haríamos con David en el carro ya casi listo para dormir.  Llegamos al hospital sin ningún percance y tuvimos que pagar el equivalente a 8 mil pesos mexicanos por una consulta de 10 minutos en la que la doctora residente se limitó a decirme que sólo veía un saco, no pudo confirmarme que se trataba de un aborto espontáneo porque no había un ultrasonido anterior para comprobar el tiempo que yo sabía que llevaba de embarazo.  Aunque entiendo que esto es así porque no siempre sabemos la fecha de nuestra ovulación y pudiera ser que mi embarazo acabara de comenzar, creo que este trato es una muestra de deshumanización, es cuando la tecnología se pone por en frente del ser humano, cuando mi sabiduría no importa si es que no hay algo que lo compruebe.

 

Una suma importante de dinero que gastamos para una ausencia de respuesta, de un examen más cuidadoso que indicara el tamaño del saco, que nos explicaran todo lo que pudiera estar pasando, incluso con la indicación de no tener algo certero hasta realizar un segundo ultrasonido una semana después. 

 

Regresamos al hotel analizando lo que pudo haber pasado y sabíamos claramente que estaba teniendo un aborto. Tal vez se trataba de un embarazo anembrionario o simplemente que dejó de formarse muy temprano. Como fuese, nuestro bebé no se formó, pero en nuestra mente sí se había formado por más de un mes. Yo estaba muy emocionada de poder gestar otra vez un bebé, David ya hablaba de que tenía un bebé en la panza y no parecía entender mucho ni gustarle tanto la idea, pero todos los días lo mencionaba.  Perder nuestro embarazo en ese momento era como la cereza del pastel. No entendía muy bien todavía lo que estaba pasando, ya no estaba alerta a las alarmas, y sabía que si podíamos estar lejos de Ashkelon, nuestra ida a México ya no tenía sentido. 

 

En el noveno día de la guerra, ya sin un hijo que había crecido en nuestro corazón, hicimos un dibujo para despedirnos de nuestra idea de embarazo en ese momento. Afortunadamente le dieron el día a Fer, tiene buenos amigos en el hospital que comprendieron nuestra situación y que hicieron la guardia por él. Aunque estaba muy triste, creo que también estaba tranquila porque siempre fui consciente de que esto podía pasar.  He tenido pacientes que viven su embarazo con ansiedad por haber tenido una pérdida anteriormente, y a veces con esas mismas dudas analizaba mis síntomas cuando sentía que desaparecían. Sin embargo, esto no significaba un problema para mi, era como un miedo que me recordaba estar agradecida por estar viviendo cada día de mi embarazo, aún cuando nunca tenemos nada seguro. 

 

A David le explicamos que ya no había un bebé en mi pancita, y cuando preguntaba por qué, yo le dije que no había podido quedarse esta vez, había decidido regresar al lugar de las almas de los bebés, Fer le dijo que se había ido al cielo. Como sea, él estuvo preguntado todo ese día por qué ya no tenía un bebé en mi pancita, hasta que unos días después dejó de hacerlo. Yo sí le comenté que estábamos tristes y Fer también, y así es, la tristeza también es parte de la vida. 

 

Esa noche nos hicimos la prueba del coronavirus que necesitábamos para viajar y dormimos por última vez en el hotel. Al día siguiente nos regresamos a Ashkelon y justo cuando llegamos empezaron a sonar las alarmas.  Es increíble ahora que lo escribo, cómo David estuvo siempre dormido cuando más ataques sucedían. Se había quedado dormido en el carro y  ni siquiera se despertó cuando lo cargué y empezaron a sonar las sirenas, sólo me metí al búnker y me acosté con él y después de eso, hasta nos dormimos un rato los dos con él. 

 

Ese día mientras hacía nuestras maletas para irnos a México huyendo de la guerra cuando yo estaba segura que pronto iba a acabar, me sentía como ausente en mi duelo. Fer es médico y claramente se ha desensibilizado en muchos aspectos que suceden en la vida. Yo acompaño duelos gestacionales y se que la muerte es parte natural de la vida. Quizás esta naturalidad para ver nuestra situación estaba amortiguando nuestro dolor, sin embargo, este tipo de duelos invisibles suelen complicarse con la respuesta o la ausencia de ella por parte de los que están a tu alrededor. 

 

 

El duelo desautorizado

El tiempo de gestación no determina la intensidad de dolor por la pérdida. Es lógico pensar que entre más semanas de embarazo se tienen, existirá un mayor apego y por lo tanto, habrá más dolor en una pérdida, sin embargo esto no es así. No existe un” dolorómetro” para medir qué debe o no doler más.

 

El tiempo en que se ha soñado un embarazo, las ilusiones, los intentos, y la situación en que se da la pérdida pueden hacer que pérdidas muy tempranas representen mucho dolor. 

 

Es cierto que se trata de un duelo desautorizado. Se dice que el embarazo se detuvo, se desprendió… pero no se habla con la verdad de que el bebé ha fallecido. Aunque no se ha formado, el embarazo terminó, se murió. Y necesitamos hablar de esto.

 

Lo peor es estar en medio de todo este vaivén de emociones y recibir las frases para minimizar el dolor como: “tranquilos, pronto se embarazarán otra vez”, o “la próxima vez saldrá bien”.  O del mismo modo, no recibir ninguna frase, porque no se sabe cómo acompañar este tipo de situaciones.

 

Hay una falta enorme de conciencia de lo dañino que puede ser la respuesta de las personas ante una pérdida gestacional. Aún cuando yo tenía todo esto tan claro, cuando soy consciente que no sabemos cómo acompañar el dolor en esta situación, estos comentarios o la ausencia de ellos complican el duelo, lo hace más lento.

 

Necesitamos visibilizar la muerte, pero sobretodo este tipo de muerte. Es muy importante estar atento a reconocer las necesidades de la persona en duelo, preguntarse si nuestra intervención es respuesta a una necesidad propia de cumplir con dar el pésame, o en verdad el querer estar para la otra persona que genuinamente nos importa su malestar. 

 

Es mentira eso de que si ocultas o minimizas lo que sucedió, va a ser más llevadero para los padres que lo viven. Es preciso respetar los tiempos de las personas para hablar de ello, para sentir lo que sea que estén sintiendo. Y para estar bien a ratos y en otros no quizás. Es necesario sensibilizarnos con el dolor de los demás más allá de compararlo con el propio y decir algo sólo para darle vuelta cuanto antes a la página. 

 

Una semana después de haber tenido el sangrado, hice una consulta en México para revisar cuánto tejido había sido ya expulsado. En una pérdida gestacional lo mejor es fomentar la fisiología, es cierto que para algunas mujeres suele ser muy duro permanecer con un bebé muerte en su vientre hasta que naturalmente se produzca un parto, pero también es cierto que pocas veces hay una urgencia para provocarlo médicamente o realizar un legrado y hay evidencia de que este tiempo de espera y respeto por la fisiología facilita la elaboración del duelo. Yo sabía que esto iba a suceder naturalmente y no tendría mayor complicación, aunque claro que estaba alerta de no tener un sangrado o algún síntoma de infección. 

 

Lo mejor finalmente es respetar las preferencias de la madre para todo esta situación. Si esto fuera así en todos lados nos ahorraríamos mucho sufrimiento. Porque así es, el dolor es necesario, es parte de la vida. Es bonito haber estado embarazada por segunda vez aunque sea por un ratito cortito. Sentí todo otra vez, la reubicación de la grasa corporal por otros lados, las náuseas, los mareos, y la ilusión de tener a otro bebé en brazos junto a mi niño. Es normal sentir dolor, debería ser normal hablar de ello y trasmitir nuestra experiencia para crecer como sociedad. 

 

Hoy...

Las alarmas siguen sonando en mi cabeza. Todavía sueño con misiles y con tener que ir a refugiarnos. 

 

Después de irnos cerraron el aeropuerto por unas horas y los ataques continuaron. Fer durmió esa noche en Tel Aviv y yo me fui tranquila de que ya no estaba en el camino mientras nosotros volábamos. 

 

David es feliz de encontrar el sombrero de Woody que habíamos dejado desde diciembre. También la pasa muy bien con sus primos y tíos aprovechando todos los privilegios que tenemos en esta parte del mundo. 

 

Parece que el regreso no significa mucho problema porque nuestras visas están vigentes y basta con una carta del hospital para que nos dejen entrar...

 

Las guerras son terribles. Este conflicto nunca se va a terminar, se trata de una sociedad enferma mentalmente por la guerra, una sociedad polarizada, y en cada destrucción compartida, esta situación se deteriora más y más. 

 

El duelo lleva tiempo, y me lo estoy dando. Es más difícil hablar de ello que escribirlo, así que por algo empiezo...

 

Y por último, extrañamos mucho a Fer...

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Comentarios: 6
  • #1

    Rita Vasquez (sábado, 29 mayo 2021 06:16)

    Los tengo en mis oraciones. Me tranquiliza que David y tú ya estén a salvo con la familia. Le pido a mi Dios para que Fer termine su tiempo en Israel y pronto esté con ustedes.

  • #2

    Norma tu amiga del ballet (sábado, 29 mayo 2021 11:47)

    Lau! Siento q estoy leyendo un libro!! Increíble lo que está sucediendo ahí y lo que vivieron ustedes. Siento mucho tu pérdida y te mando un abrazo con mucho cariño. Dios no se equivoca y sus tiempos son perfectos. Escribes muy bonito. Espero pronto puedan regresar y estar todos juntos y se acabe la guerra.

  • #3

    Liliana (sábado, 29 mayo 2021 14:36)

    Que bueno que has podido compartir tu sentir, no puedo imaginar lo que vivieron, pero si puedo decir que sufrí ese temor de que algo les pasara, y el hecho de estar tan lejos, y muchos sentimientos que aquí es difícil plasmar, solo como te lo dije un día, mi corazón estaba (y está cuando pienso en Fer) estrujado.
    Los amo mucho mucho ❤️❤️

  • #4

    Dora GOMEZ Palacio G (domingo, 30 mayo 2021 11:05)

    Mi querida Laurencia, te leo y me leo, conozco ese duelo y hay que vivirlo cuanto sea necesario, te abrazo a la distancia y les deseo que sigan adelante en esa hermosa familia que han formado y que ojalá muy pronto esa guerra y todas entiendan que ese no es el camino, tristemente ganan los egos y el poder.
    Cuídense mucho, ��‍♀️���

  • #5

    Cristy Cordova (domingo, 30 mayo 2021 13:13)

    Eres muy valiente Lau y un gran ejemplo de súper mamá. Les mando un abrazo a los 3!!

  • #6

    Fernanda Vazquez (martes, 01 junio 2021 16:26)

    Lauris , lo siento muchisimo por la perdida que tuvieron. Les mando un abrazo muy fuerte y espero verlos pronto a los 3.