Formación


Tengo una licenciatura en psicología y me formé también como psicoterapeuta Gestalt. Realicé estudios en consejería en adicciones, en psicología bariátrica (para acompañar psicológicamente a los pacientes que aspiran a tener una cirugía de este tipo), y actualmente estoy cursando la formación en Salud Mental Perinatal. 

 

La Psicoterapia Gestalt está basada en el darse cuenta (awareness), y su objetivo es conseguir que las personas desarrollen la capacidad de autorregularse y ordenar su confusión.  Así como los fundadores de esta escuela, creo que este tipo de psicoterapia es el enfoque más genuino para aproximarse a la vida, por lo que resulta bastante efectivo para tratar los problemas emocionales. 

 

Hay personas que pasan años en tratamiento psicológico y pueden reconocer perfectamente sus problemáticas y tener la definición exacta a su personalidad, sin embargo, siguen sufriendo.  Esto es porque han pasado mucho tiempo hablando sobre sus problemas en lugar de experimentar sus sensaciones.  A diferencia de otros tratamientos psicológicos, la Psicoterapia Gestalt no es un espacio para "hablar sobre..." sino para trabajar directamente lo que nos está ocurriendo en el momento presente. 

Día de las madres

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Día de las madres

¿Son los hijos quienes eligen a sus madres desde antes de nacer? o ¿es Dios, el universo, el creador quien elige a las madres para cada nuevo ser? 

 

Yo creo en la perfección de las circunstancias. Cada díada, madre e hijo encaja y pertenece a sí misma. Un montón de sincronicidades deben suceder para que un ser nazca en determinada familia, perteneciendo a cierta cultura, y ocupando un lugar específico en cada linaje.  Por eso, este proceso es perfecto y por lo tanto, su resultado también lo es, aunque a veces resulte muy difícil verlo.

 

¿Cómo podría decir que es perfecto que un niño tenga que vivir en un ambiente de maltrato, de abuso o negligencia? Esta visión de perfección en los eventos no es tan convincente cuando las situaciones no son favorables. Cuando hay madres que tienen algún trastorno mental y no pueden acompañar a sus hijos de la manera en que ellos las necesitan. Cuando hay madres que creen que el abuso, o la sobreprotección, o la crueldad, son partes claves para la educación del niño.

 

Ayer se festejó el día de la madre en varios países del mundo, y como son las redes sociales de conmemorativas, todas estuvieron llenas de fotos de madres e hijos rotulados con palabras hermosas de agradecimiento y expresiones de amor.  ¿Será que todas las madres son perfectas para sus hijos? ¿Será que las deficiencias de crianza pueden ser contrarrestadas con el amor inmenso e incondicional que una madre puede dar? ¿Será que la cultura por honrar a los padres, seguir el mandato y ser buenos hijos, se hace presente en este día más que siempre?

 

Cuando un bebé nace, nace una madre, y así como los niños, las madres vienen de todos tipos. Hay madres más divertidas que otras, madres más sensibles, madres más carismáticas que pueden atraer la atención hasta del bebito más llorón. Hay madres que renuncian a sus gustos y placeres por estar con sus hijos, y madres que lo hacen porque creen que deben de hacerlo y poco a poco van llenándose de resentimientos.  Hay madres más atentas a sus necesidades propias que a las de sus hijos. Madres con límites claros sobre lo que admitirán, y madres que complacen sin consciencia.

 

¿Cuál de estas madres es la mejor? 

 

Las madres de mi generación vivimos en un mundo de información, que si bien nos puede orientar mejor sobre las distintas posibilidades que tenemos para elegir determinados comportamientos de crianza, también nos pueden confundir entre lo que nos nace hacer y lo que nos dicen que deberíamos de hacer. O entre lo que nuestras madres y abuelas dicen que deberíamos de hacer y lo que las investigaciones revelan que tiene más beneficios. 

 

Hay madres actuales que predican un estilo de crianza respetuoso y lo hacen tan al pie de la letra, así como sus padres autoritarios les enseñaron que debían de hacerlo. Hay otras madres que les ha venido muy bien la imagen de ser madres y la sostienen y adornan cueste lo que cueste. Madres que buscarán ser excelentes en su maternidad, en su relación de pareja, en su trabajo y además, en conservar su figura. Hay madres que es tanta su necesidad por ser buenas madres que dejarán de ver a sus hijos. Y habrá otras madres que siguen esta vida de sacrificio, aprendida y trasmitida por comportamientos de victimización de sus mismas madres. Esas que gozarán cuando sus hijos les canten: “a ti que cargaste en tu vientre dolor y cansancio. A ti que peleaste con uñas y tientes”.

 

Es bonito tener un día para celebrar la maternidad.  Es necesario reconocer la labor de las madres, porque quizás, como no tiene remuneración económica, poco se comprende lo cansado y demandante que es y nunca alcanza a ser valorada como merece.

 

Es bonito tener un día en el año para sentirse especiales y recibir flores. Para explotar la creatividad de los niños y esposos en conseguir un regalo ideal y distinto en cada año (con esto comprobaré el próximo año si mi esposo lee lo que escribo). Es bueno para las pequeñas y grandes empresas tener un día de la madre, es bueno para las escuelas, para los niños y para las redes sociales. 

 

Sin embargo, no me gusta la idea que un día de cada año, mi hijo tenga que recordar que debe estar agradecido conmigo por lo mucho que le doy. El adjetivo de incondicionalidad pierde tono cuando en el amor exijo el reconocimiento. 

 

Entiendo que es muy valioso aprender a sentirse agradecido, pero eso a dejar en deuda hacerlo es otra cosa.

 

En este mes de la madre en tiempos de pandemia hago la invitación a hacer una revisión de la propia historia. A ser conscientes del lugar donde nos tocó nacer, y de las virtudes y carencias con las que crecimos. Porque así como fue, es como tenía que ser, y por lo tanto, es perfecto. Pero lo perfecto no quiere decir que no sea mejorable. 

 

Admitir que nuestras necesidades no fueron satisfechas de la manera en que debían de serlo no nos hace malas personas, ni disminuye el amor que sentimos o que sienten nuestras madres por nosotros. No se tiene por qué estar agradecido del maltrato o de la falta de presencia. Y sólo así, al tocar el dolor, entonces se logrará comprender la historia, pero esto no puede ir antes de admitir y sentir lo que faltó. 

 

Quien no conoce su historia está condenado a repetirla.  Una madre que puede trabajar en sí misma y logra ser consciente, podrá ser la madre que su hijo necesita. 

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Felicidades a todas las madres, en especial a la mía, a mi abuelita y a toda su desendencia de madres a las que pertenezco, mis tías y mis primas. A mi suegra, a mis amigas. A mi terapeuta por prestarme sin haberle pedido ya algunas de sus líneas, y a mi hermana cómplice y compañera de vida y crecimiento.

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Pensamientos de cuarentena

Ayer recibí un mensaje de una mujer muy preocupada por la actitud que estaban tomando algunas personas ante la situación de cuarentena que estamos viviendo. 

Es que tienes que decirles que se tranquilicen, me dice. Hay gente que se está volviendo realmente loca. Esta mañana estaba tomando un café y lo comenté con el tostador y el microondas y los tres estábamos de acuerdo.  Pero te escribo porque ya no se con quién más hablarlo, a la lavadora ya no le cuento nada porque está muy angustiada y todo le da vueltas. También dejé de hablarle al refrigerador porque cada día lo noto más vacío y frío. 

Cada tanto hablo con el reloj, pero es que sus manecillas son tan rutinarias que a mi me parece que ya tiene un trastorno.

Los artículos de limpieza me han retirado el habla, dicen que nunca los había utilizado tanto y están hartos del olor a cloro.

Y qué decir del inodoro que se toma todo lo que le digo para la mierda.

En fin, te recomiendo que les digas que se tomen las cosas con calma o antes de contraer el virus, acabarán en el psiquiátrico...

Gracias a mi amiga Nurit por mandarme esta bromita que me inspiró para componerle un poco más. La verdad es que para mi el distanciamiento social ya no es nada nuevo, pero hasta ayer que salí a hacer unas compras sentí el impacto de la situación que estamos viviendo. Creo que son muchas personas las que no la están pasando bien con toda la incertidumbre y los cambios de vida que nos ha traído la pandemia.

 

Me asombra ver cómo apenas a un día de la suspensión de actividades, las iniciativas no se hicieron cesar. Es como si viajáramos en un auto a toda velocidad y chocamos contra un virus que frenó el movimiento del exterior, pero la velocidad a la que íbamos los tripulantes aún no ha podido parar. 

 

Es difícil frenar las actividades y sentir el vacío en verdad.  Sentir el aburrimiento y la vida en soledad nos hace enfrentarnos con nosotros mismos, que a veces sólo nos damos cuenta que somos a razón del otro y del rol que desempeñamos en la sociedad.

 

Sin sociedad no somos nada, y en una sociedad virtual la realidad es aún más dudosa. Es triste no poder estar al servicio de los demás y que nuestro trabajo no tenga un valor para alguien más. Pero habrá que fluir con lo que el mundo nos ha puesto en frente, quizás sea momento de detenernos y vernos a nosotros mismos. Revisar para qué otros labores dentro del hogar puedo ser bueno y cómo me siento haciéndolo de esta forma. 

 

Es triste no poder hacer todo lo que queremos, no poder estar con nuestros seres queridos, no poder visitar a nuestros amigos. Pero es mucho más triste decirle a un niño inquieto que poco entiende de pandemias y contagios que no puede salir a la calle. 

 

Una tía comentó en un grupo de mi familia que nunca le había importado ser vieja hasta ahora que sus familiares no la pueden visitar. 

 

En fin, no es fácil. La incertidumbre inquieta la mente y el miedo nos angustia. 

 

Habrá que reconocerlo, darle el peso que merece la situación. Esto es aceptarlo, generar conciencia y dejar de buscar paliativos y escapes. Pero eso no es no disfrutar abandonarse al vacío y al caos. 

 

Qué mejor tiempo para practicar vivir en el presente. Ser conscientes de lo que estamos viviendo ahora en este preciso momento. Perdernos en nuestros sentidos experimentando el presente y abandonando nuestra mente.

 

No contemos más los días y dejemos que cada uno cuente, aunque sea así, como un día aburrido, como un día loco con niños y marido en casa, o como un día lleno de oportunidades para explorar nuestro verdadero ser.

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¿Eres lo que sientes?

La semana pasada tuve una crisis de autoestima que nunca antes había sentido. Un día llegué a mi casa después de vivir una de mis aventuras de “mamá mexicana viviendo en Israel con esposo doctor en guardias maratónicas” y tenía tanto en mi mente,  que decidí hacer caso a mi terapeuta y escribir de una vez por todas eso que sentía. 

 

Lo que pasó fue que me sentí más triste, y por más que buscaba como levantarme el ánimo, todo eso que había escrito no me dejaba hacerlo. Pero no es que esté trabajo terapéutico haya salido contraproducente, o que en realidad de “arreglarme” como dijo mi querido Fer, me haya dejado peor. 

 

Mi problema fue que me creí que yo era todo eso feo que había escrito. Me impresionó tanto ver en palabras lo mal que me sentía, que me juzgué como si yo fuera eso que mis emociones expresaban.

 

¿Cuántas veces nos hemos juzgado y juzgamos a los demás por los sentimientos que observamos?  

Decimos: yo soy envidiosa o ella lo es, él es un egoísta, ella es muy celosa, él es presumido, soy rencorosa, etc. 

 

Nos ponemos etiquetas a nosotros mismos y a los demás sólo por los sentimientos que vemos presentes. 

 

Puede ser que sí guardemos sentimientos por mucho tiempo, y que si no trabajamos en nuestra persona podamos desarrollar un patrón de comportamiento emocional parecido.  Sin embargo, es muy diferente decir que somos o que los demás son, a que en este momento sentimos esto o los demás sienten aquello.

 

Por suerte, la terapia es semanal, así que pude recordar rápidamente que no soy eso que escribí que sentía. Sentí eso, y a veces lo sigo sintiendo. En efecto, hay veces que vivo emociones que no me gustaría experimentar, o que pienso que las personas que las sienten no son agradables. Sin embargo, hace falta recordarnos que esos sentimientos no son los que nos definen. Ni los agradables, ni los desagradables. 

 

No es una envidiosa, siente envidia; no soy enojona, siento enojo (a veces mucho, tal vez); no es celoso, siente celos; etc.

 

Y con esto en la mente, vuelvo a pasear con mi chiquito por estas calles de Israel acompañándonos del clima fresco y lluvioso que hace por aquí en estas fechas, y de repente escucho una canción para niños en hebreo que me encanta porque aprendo mucho vocabulario y porque resume todo esto que escribo de una manera sencilla.  La canción dice así en español:

 

“A veces estoy triste,

Y a veces feliz,

A veces recuerdo,

Y a veces olvido

A veces estoy lleno,

Y a veces tengo hambre,

A veces odio 

Y a veces amo,

Pero, yo siempre permanezco siendo yo, siempre permanezco siendo yo”

 

Se oye mejor en hebreo y cantándola...

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Denuncia de maltrato

Hace tiempo había leído una petición de ayuda de una mujer de la que hoy me inspiro para hacer esta denuncia:

 

Hace 15 meses que estoy en una relación unilateral con un hombre y es momento de romper el silencio.

 

En todo este tiempo no me he separado de él más que algunas horas y aún así, no le es suficiente para dejarme libre.

 

No puedo alejarme ni unos metros porque siempre existe algún tipo de objeción ante mi ausencia.

 

Ya no puedo bañarme, vestirme, cocinar o incluso ir al baño, sin que exista un reclamo por no darle mi atención exclusiva.

 

Desde que nuestra relación inició, todos nuestros pasatiempos giran en torno a sus gustos. He descuidado mis relaciones sociales y decepcioné algunas amistades que no comprendieron mi aislamiento.

 

Ha invadido completamente mi vida, nuestra casa está llena de artefactos suyos y lo peor, es que paso todo el día levantando sus cosas. Y qué decir de las noches en las que también me solicita, no ha habido una sola que haya dormido por completo en estos más de 15 meses.

 

Debo confesar que también he recibido agresiones de su parte. Ayer me dio un golpe en la cara y no hace mucho, tuvimos una época en la que solía morderme. No se por qué pero parecía fascinarle mis gestos de dolor cada vez que lo hacía.

 

Ahora disfruta pellizcar el gordito de mi brazo cuando trata de dormir y se ha mostrado entusiasmado de verme enojar al jalar mi pelo.

 

Continuamente me grita y no parece importarle hacerlo en lugares públicos.

 

En ocasiones tiene desbordes emocionales y no sabe cómo controlarse. Es por eso que paso gran parte de mi tiempo libre aprendiendo cómo ayudarle a superarlos.

 

A veces, aunque haya pasado horas en la cocina tratando de preparar algo que le guste, sin ninguna vergüenza, lo ha aventado al piso.

 

El mayor problema es que lo amo con locura. Hay días que despierto decidida a hacer cambios pero no pasa ni una hora y ya estoy nuevamente rendida a sus encantos.

No puedo negar que, aunque soy la luz de sus ojos, es también un hombre coqueto. Cuando salimos, se alegra al encontrar otras mujeres y no esconde su deleite por ellas. Les grita, las persigue y les manda besos.

 

Y esto si es que es injusto para mi pues últimamente, ya ni a mi esposo me deja besar.

 

En fin, hoy me agaché a barrer las restos de su desayuno que tiró al piso y como siempre lo hace, corrió a abrazarme y envolvió mi espalda con su pequeño cuerpo.

 

Son esos segundos mágicos que me hacen olvidar todos mis pesares y me doy cuenta que la recompensa que todos los días recibo es mucho mayor de lo que yo puedo dar.

 

Se que no siempre seré su mayor enamorada, así que ahora es así. Este pequeño hombrecito me maltrata y yo soy tan feliz de que esté a mi lado.

 

 

 

‼️Ya en serio, si te identificas conmigo pero tu hombre es unos cuantos años mayor que el mío, corre a terapia. 🆘

☝🏻Es verdad que existen las relaciones unilaterales, es verdad el maltrato y no es exageración cómo nos podemos perder por conservar una pareja.

Mi drama es sólo un escrito de diversión, pero aprovecho para aclarar una realidad que sucede en las relaciones de pareja.

‼️Si te encuentras poniendo excusas ante situaciones de este tipo, abre los ojos y date cuenta que el maltrato nunca se justifica.

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Baby Led-weaning e Introyectos

¿Alguna vez has dicho que tú nunca harás eso que tu papá o tu mamá hacía y de pronto te sorprendes haciéndolo? o ¿Te das cuenta que haces determinadas cosas exactamente de la misma forma en que tus papás lo hacían? ¿Te has preguntado de dónde vienen ciertos mandatos que sigues o que incluso que le ordenas a tus hijos que los hagan? ¿Realmente eres auténtico en lo que dices, haces y piensas o es que lo haces porque aprendiste que así debía ser? o por el contrario ¿lo haces por oposición a lo que te enseñaron?

Cuando llegué a Israel, conocí a una amiga que en ese entonces tenía sólo una niña de meses de edad.  Ella me enseñó cómo le daba de comer a su hija a diferencia de las papillas que yo conocía que eran el alimento de los bebés y de inmediato me interesé por este método porque lo relacioné con lo que en la Psicoterapia Gestalt trabajamos.

 

 

Si observamos nuestras creencias y actitudes en la vida nos podemos dar cuenta que la mayoría de ellas no las hemos elegido conscientemente, sino que las fuimos aprendiendo desde nuestra infancia sin cuestionarlas.  Y el problema es que muchas veces, éstas creencias nos alejan de nosotros mismos y nos traen conflictos.

 

En psicoterapia Gestalt se conocen como introyectos estos mensajes del exterior que hemos interiorizado como parte de nuestro ser.  Y no es que todo lo que hayamos aprendido sea negativo, pero el problema es que vamos por la vida sin detenernos a cuestionar nuestros movimientos.  Tenemos creencias que nos limitan, repetimos patrones de comportamiento que no nos hacen bien,  y vamos adoptando una personalidad que se ajusta a lo que esperan de nosotros mismos y que oscurece nuestro ser interior. 

 

Por eso es que la introyección es comparada con la forma en que nos alimentamos.  Porque en nuestra infancia recibimos estos deberías sin digeridos adecuadamente, como si fueran la papilla que se le da a un bebé y que a pesar de que la escupe cuando no le agrada, el cuidador se encarga de recogerla y metérsela por la boca a como de lugar. ¿Y que tal si el bebé ya está satisfecho?, ah no, siempre habrá manera de darle un poquito más de ese pollo batido que tanto alimenta. 

 

De esta forma vamos haciendo nuestras un montón de actitudes que aprendemos de nuestra familia, nuestra escuela y la sociedad en la que vivimos. 

 

Crecemos creyendo que nuestra voz no debe ser escuchada siempre, porque aprendimos a “oír y callar”. Creemos que no debemos experimentar ciertas emociones como el enojo y la envidia porque “los niños buenos no deben desear lo que tienen las demás personas”, o porque “el que se enoja pierde”.  Crecemos haciendo lo que esperan de nosotros porque nuestras ilusiones no eran admitidas.

 

¿Y qué decir de los mandatos de género y la falta de educación sexual?  Crecemos creyendo que el sexo es malo, que ciertas conductas que pudieran producirnos placer pueden ser pecaminosas, que los niños no bailan, y las niñas se deben comportar como señoritas. Crecemos aprendiendo a tragarnos la tristeza porque “los niños no lloran” o porque “te ves muy fea cuando lloras”. Crecemos aprendiendo sólo las lecciones adecuadas para nuestro género y esperando encontrar a alguien que nos “complemente” para llenar nuestros vacíos. 

 

En nuestra asimilación del exterior, es muy difícil que hayamos desarrollado la capacidad para distinguir las creencias que vienen de afuera y las que son nuestras. O que hayamos aprendido la habilidad para adoptar las actitudes que nos sean necesarias en algún momento y poder desecharlas cuando hayan caducado o cuando ya no se ajusten a nuestro nivel de desarrollo. 

 

Qué diferente habría sido si hubiéramos tenido el control y la conciencia de recibir del exterior estos mandatos. Pero en el camino del darse cuenta les tocará aquellos que se atrevan a profundizar consigo mismos, analizar cuáles de estas creencias no son las propias, desestructurarlas con conciencia, cambiar las que sean necesarias, y quedarse con las que convenga.

 

Hace falta ser “agresivo” con lo que recibimos del exterior. Nada relacionado con la violencia, sino en el sentido literal de la palabra agresión: “ir hacia”. Se trata de analizar lo que aprendemos y rumiarlo un poco en la boca masticándolo para finalmente sólo hacer nuestro lo que elegimos que es necesario para nosotros. 

 

Por eso (entre otras cosas) me gusta el “baby led-weaning”, porque le da al bebé la libertad de elegir de varios alimentos saludables para él, aquellos que más le vengan en gana, que pueda experimentar con ellos con las manos, sentirlos, jugar con sus texturas, olerlos, observarlos. Para luego, elegir cuáles va a probar, a experimentar todas las sensaciones que conllevaba tenerlos en la boca, saborearlos, escupirlos si no le gustan, triturarlos aún con sus encías sin dientes, para finalmente, tragar lo que ya pasó por todo un trámite de aceptación.

 

Me gusta pensar que desde esta primera forma de acercarse al exterior, el bebé irá aprendiendo a hacer con los mensajes que recibe, lo mismo que aprendió a hacer con la comida. Aunque creo que seguramente habrá que recordárselo continuamente. Lo que habrá que señalar para los padres que implementaron otros métodos de alimentación con sus hijos, pues tampoco creo que por hacerlo de la manera tradicional, no vayan a poder desarrollar este método en la "alimentación de mensajes".

 

No soy experta en el tema, pero leí un libro cuando me tocó empezar a darle de comer a mi hijo y como decía: no es que un método sea mejor que otro, pero si tenemos la opción de conocer todos los métodos podemos elegir verdaderamente el que más nos convenga sin adoptarlo sólo porque es lo que los demás han hecho, o lo que algunos que no conocen suficiente, lo recomiendan. 

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